Todos sabemos lo difícil que puede llegar a ser opositar. En mi clínica, vemos y ayudamos a personas que están pasando por este proceso. Este texto va para ti, opositor, en caso de que no hayas conseguido aprobar o no te hayas presentado.

Probablemente te estarás planteando: ¿y ahora qué?. Es normal que te encuentres desanimado, que te cueste encontrar la motivación para seguir estudiando e intentándolo. Hasta es probable que pienses que tienes que tirar la toalla. Imagino que te presentaste con todas tus ganas, intentando hacerlo lo mejor posible, que has invertido mucho esfuerzo, tiempo, dinero, motivación. Probablemente te encuentres desmotivado y frustrado.

Lo primero que quiero que tengas claro es que todas estas emociones son normales, y que vienen provocadas por pensamientos. A ver si te sientes identificado con alguno de estos: “nunca conseguiré aprobar”, “es imposible, para qué lo voy a seguir intentando”, “ha sido una pérdida de tiempo”, “tengo mala suerte”, “nunca me podré dedicar a lo que quiero” o, incluso, pensamientos mucho más “feos”, como “no sirvo para nada”, “ soy un inútil / tonto…”, “soy un desastre”…

Si te das cuenta, cuando leas estos pensamientos, probablemente ya te sientes mal, si es que he conseguido que te sientas identificado con algunos.

Déjame que te diga una cosa, ¿vas a dejar de intentar conseguir tu sueño? Estos pensamientos que tienes también son normales, fruto de tu experiencia. Pero tienes que ser consciente de que no son reales, por lo que estaría muy bien que los cambiaras por otros que sí sean realistas. Podrías intentar pensar, por ejemplo, que si sigues esforzándote, lo más probable es que lo consigas, que no ha sido una pérdida de tiempo, porque lo que hayas aprendido te sirve para el siguiente examen, que si lo intentas, probablemente aprobarás, que suspender no te hace inútil o tonto, si no que eres una persona valiosa…

Si insistes en pensar este tipo de pensamientos que son, sin duda, más realistas, podrás ver las cosas diferentes y seguir luchando para conseguir tus objetivos. Si te dejas llevar por los pensamientos negativos, dejarás de intentarlo, te bajará la autoestima y te puedes meter en un bucle difícil de gestionar.