Cuando eres psicólogo, escuchas muchas frases “aprendidas”, estereotipos sobre los psicólogos que van pasando de persona a persona y se acaban consolidando como realidades. En este artículo, voy a tratar de desmitificar la labor que hacemos y esos pensamientos que se tienen sobre nosotros:

  1. Somos “loqueros” porque tratamos a gente que está loca: nada más lejos de la realidad. Trabajamos con personas que en un momento de su vida pasan por un mal momento y necesitan que alguien les dé una visión objetiva de lo que les está pasando, guiándoles mediante técnicas y pautas psicológicas para que vuelvan a encontrar su camino. Todas las personas pueden pasar por un momento así en sus vidas, en los que la ansiedad o el estado de ánimo bajo se apodera de ellas. Muchas personas que hemos tratado en la consulta nos lo han dicho: “Yo era una persona feliz, hasta que apareció este problema, y nunca pensé que me pasaría a mí”. Así que, olvídate de este cliché porque nos puede suceder a cualquiera, sin necesidad de que estemos locos.
  2. Un psicólogo sólo escucha y da consejos: probablemente este pensamiento proviene de las películas, donde vemos al paciente tumbado en un diván y el psicólogo detrás escuchando o tomando notas (eso si no se trata de alguna película cómica en la que se duerme, dibuja o hace otras cosas…). Pero tampoco es así, sobre todo si vamos a un psicólogo cognitivo conductual. Escuchar, por supuesto, es importantísimo, para saber qué le ocurre a la persona y ver cómo le vamos a poder ayudar, pero nuestra labor está en dar las pautas necesarias para que la persona deje de sentirse mal y para ello recurrimos a las técnicas que sean necesarias, enseñando a la persona a pensar de otra manera, a comportarse diferente, a analizar situaciones, a manejar sus emociones… Y esto hace que nuestra labor sea muy activa y se aleje de dar consejos como te podría dar cualquier otra persona sin estos conocimientos. Con esto, clarifico también el pensamiento: “para qué voy a ir al psicólogo si tengo amigos que me escuchan y aconsejan”.
  3. Los psicólogos estamos locos: la verdad que no sé de dónde puede venir este pensamiento, supongo que alguien en su día conocería a algún psicólogo que no estuviera muy centrado y se generalizó, pero conozco a muchos psicólogos y no lo estamos, aunque supongo que alguno habrá…
  4. Cobramos mucho dinero: aunque el colegio de psicólogos nos manda una orientación de cuánto se debería cobrar (mínimo) por sesión, cada psicólogo es libre de poner el precio que considere oportuno. Pero este punto lo voy a resumir con una imagen y una frase: “El que cree que cuesta caro un profesional, no sabe lo caro que cuesta un incompetente.”
  5. No somos sanadores, no tenemos poder para leer pensamientos ni para cambiar las cosas con una varita mágica: aunque parezca mentira, hay personas que piensan que esto es así. Los problemas no se solucionan exclusivamente hablando (aunque ayude), ni nadie va a poder leer los pensamientos que tienes. Sí que es verdad que los psicólogos, por experiencia, podemos intuir por dónde van a ir ciertos pensamientos en base a lo que haces y lo que sientes cuando los piensas, pero es a base de haber visto muchos casos como el tuyo, nada de fenómenos paranormales. Ojalá tuviéramos una varita mágica para solucionar los problemas y saber lo que piensa una persona, la verdad es que nos facilitaría mucho nuestro trabajo ;-).