Una de las preguntas que más nos hacéis al llegar a la consulta por primera vez es cuánto va a durar el tratamiento. Y es, sin duda, una de las preguntas más difíciles de responder, ya que vamos a encontrar diferentes factores que pueden alterar la duración del mismo. Uno de los primeros es el tiempo que ha pasado desde que se empieza a tener un problema, hasta que se pide ayuda. No es lo mismo que una persona acuda a la consulta cuando han pasado 6 meses desde que empezó a padecer los primeros síntomas a que hayan pasado años.

En este segundo caso, probablemente, habrás adquirido una serie de conductas y de pensamientos que estarán muy arraigados en tu día a día, por lo que será más costoso de trabajar si se han convertido en hábitos. En la mayoría de ocasiones, nos encontramos personas que esperan a ver si se les pasa el problema (ansiedad, depresión, enfado, celos… ) porque creen que ellas mismas lo pueden superar. Y, en ocasiones, se puede conseguir, pero si tenemos dudas, si vemos que el problema nos supera, o que va pasando el tiempo y no lo conseguimos, lo mejor es buscar ayuda profesional de un psicólogo cognitivo conductual, ya que sin las pautas adecuadas, y una vez establecido el problema psicológico, es muy difícil que uno mismo, sin ayuda, sea capaz de salir de ahí. Debemos quitarnos los prejuicios de que si necesitamos pedir ayuda es por que somos débiles, no valemos, etc. Nada más alejado de la realidad. Es símbolo de madurez tomar consciencia del problema y buscar una solución, aunque para buscarla necesitemos una orientación profesional. ¿O pensáis que es mejor dejar pasar el tiempo por no aceptar que necesitamos ayuda e ir empeorando el problema y nuestras relaciones?

En segundo lugar, y para mí fundamental, es el grado de motivación por el cambio. Si una persona está motivada y dispuesta a hacer cualquier cosa para superar el problema, lo hará, y probablemente tardará menos en conseguir los resultados, por lo que la terapia durará menos tiempo. En este sentido, y después de muchos años de profesión, nos encanta ver personas motivadas que terminan pronto los tratamientos porque ponen en práctica todas las pautas que les damos y consiguen resultados en tiempo récord.

En tercer lugar, pero no por ello menos importante, también hay que tener en cuenta la gravedad del trastorno. A veces, hay personas que buscan ayuda pronto pero sin embargo su problema está muy avanzado, es decir, que en poco tiempo han llegado a tener síntomas muy molestos y difíciles de afrontar. En estos casos, la motivación, como siempre, va a ser fundamental para atajar el problema lo antes posible y solucionarlo, pero es evidente que la duración será algo mayor que en casos en los que no se haya alcanzado esa gravedad.

Por último, hay otros factores que pueden modular la duración de la terapia, como son los factores sociales o los acontecimientos que van pasando. En ocasiones, una persona viene por un problema concreto pero a lo largo de la terapia acaban apareciendo otros problemas, que si bien no eran el motivo primero por el que vino, la están afectando y es necesario que los trabajemos. Normalmente, es la propia persona la que nos pide hacerlo. Pongamos un ejemplo para verlo mejor. Imaginemos una persona que acude a la consulta porque está empezando con un cuadro de agorafobia, trabajamos este problema pero al poco empieza a tener problemas familiares, de trabajo, etc. Evidentemente, la duración va a ser mayor ya que estamos trabajando más problemas que la agorafobia en sí misma, pero que también son importantes ya que le están restando mucha calidad de vida, y, como digo, probablemente sea la propia persona la que nos pide que le ayudemos a solventarlo.

Ir al psicólogo no es algo que se vaya a prolongar en el  tiempo sin sentido. No hay que olvidar, que en psicología trabajamos por objetivos, así que una vez conseguidos, la terapia ha terminado. ¿Cómo lo veis? ¿Os preocupa este tema a la hora de empezar un tratamiento?