“Me resulta muy difícil decir que no a la gente y termino haciendo cosas que no me apetecen”, “cuando tengo que hacer una crítica lo paso muy mal”, “cuando tengo que reclamar mis derechos prefiero callarme”. Estas afirmaciones las escuchamos de forma muy frecuente en nuestra consulta de psicología en Valencia. Y es que, la forma en la que nos relacionamos con las personas influye en gran manera en nuestro bienestar.

Existen tres maneras de comunicarnos con los demás:

  1. Pasiva: cuando anteponemos las necesidades de los demás a las nuestras. No somos capaces de decir que no y frecuentemente nos vemos involucrados en actividades que no nos apetecen o no hemos decidido nosotros mismos. Sería el estilo de: “Yo pierdo, tú ganas”.
  2. Asertiva: cuando defendemos lo que queremos de acuerdo a nuestras necesidades. Digo lo que pienso o lo que siento de forma respetuosa y siendo consciente de que la otra persona puede tener una opinión diferente. Es el estilo de: ”Yo gano, tú ganas”
  3. Agresiva: cuando pensamos que nuestras necesidades o derechos están por encima de los del resto de personas. Reaccionamos imponiendo nuestra opinión. Es el estilo de: “Yo gano, tu pierdes”.

 

La asertividad consiste en defender nuestros derechos y opiniones respetando los de los demás.

Lo veremos mejor con un ejemplo. Imagina que a Rosa una amiga le pide su coche porque el suyo está en el taller. Rosa no quiere dejárselo porque es nuevo y solo lo conduce ella. Tendríamos tres posibles respuestas:

Estilo pasivo:

  • Amiga: Rosa, por favor, tienes que dejarme tu coche, el mío está averiado y tengo que ir a trabajar.
  • Rosa: es que…. no se…. sabes que es nuevo…
  • Amiga: venga, no tengo otra opción
  • Rosa: bueno, te lo dejo, pero ten cuidado

Estilo agresivo:

  • Amiga: Rosa, por favor, tienes que dejarme tu coche, el mío está averiado y tengo que ir a trabajar
  • Rosa: ¿pero cómo se te ocurre preguntarme eso? ¡ya sabes que el coche es nuevo!
  • Amiga: no te pongas así, es que no tengo otra opción
  • Rosa: pues yo no pienso dejártelo, mi coche lo conduzco solo yo, no es problema mío.

Estilo asertivo:

  • Amiga: Rosa, por favor, tienes que dejarme tu coche, el mío está averiado y tengo que ir a trabajar
  • Rosa: entiendo que necesites mi ayuda, pero sabes que mi coche es nuevo
  • Amiga: venga, no tengo otra opción
  • Rosa: mi coche solo lo conduzco yo, pero si quieres te llevo al trabajo.

Como podemos ver, el estilo asertivo me permite hacer lo que quiero, teniendo en cuenta las necesidades de la otra persona, pero no anteponiéndolas a las mías. Rosa no quería dejar el coche a su amiga y no lo ha hecho, pero ha encontrado una solución satisfactoria para las dos.

Con el estilo agresivo podemos conseguir lo que queremos, pero las formas utilizadas harán que las personas se alejen de nosotros. Rosa no ha dejado el coche a su amiga, pero no ha tenido en cuenta soluciones alternativas al problema, imponiendo su opinión y ofendiendo a la otra parte.

Con el estilo pasivo, la amiga de Rosa le estará agradecida y “quedará bien” con ella. El problema es que Rosa se sentirá mal consigo misma por haber cedido a algo que no quería hacer. Cuándo esta situación se repite en el tiempo puede hacer que la autoestima y la confianza bajen, teniendo la sensación de que los demás no piensan en nuestras necesidades o se aprovechan de nosotros.

Después de este ejemplo, reflexiona: ¿qué hubieras hecho tú en el caso de Rosa?, ¿te han pasado situaciones similares?, ¿cuánto tiempo hace que no antepones tus deseos respecto a los de los demás?. Tenemos buenas noticias, la asertividad también se puede entrenar, solo tienes que saber cómo.