Hablamos de depresión en otro artículo del blog (podéis verlo aquí), y en esta ocasión voy a hablaros de las causas que pueden provocar que una persona caiga en una depresión. Estas pueden ser múltiples y muy variadas, aunque todas tienen un aspecto en común: la pérdida de reforzadores (podéis leer más sobre esto aquí). depresion_0Los reforzadores son, básicamente, esas pequeñas cosas que a todos nos gusta hacer, que hacen que nos sintamos felices, y que no hace falta que sean grandes cosas (grandes viajes o lujos), si no pequeños detalles del día a día. Son cosas que, probablemente, en muchas ocasiones nos pasan desapercibidas, y que sólo nos damos cuenta de lo que las disfrutamos o lo bien que nos hacen sentir cuando las hemos perdido.

Muchas veces, las personas que vienen a consulta, saben exactamente a qué se debe que su estado de ánimo esté tan bajo. La pérdida de un familiar querido, una ruptura sentimental, un divorcio… Pero en muchas otras ocasiones, y probablemente lo hayáis escuchado también, no saben la razón y comentan cosas como “no lo entiendo, todo me va bien, no tengo motivos para deprimirme”. Vamos a ir viendo las diferentes posibilidades:

  • Pérdidas de personas significativas: esta es la forma que comentábamos más arriba, quizá la forma más entendida para caer en una depresión. El fallecimiento de un familiar o un abandono significativo nos hace caer en una espiral de pensamientos negativos donde la emoción predominante es la tristeza. Se nos van las ganas de hacer cosas y, aunque nos esforcemos por hacerlas, no las disfrutamos como antes. Ante una situación como esta, lo normal es estar triste, llorar y pasar un tiempo sin que nos apetezca hacer demasiadas cosas, pero debemos intentar poco a poco “ir levantando cabeza”, volver a ser los que éramos y entender que hay que sacar un aprendizaje de esta situación, por más duro que sea. Sólo así evitaremos caer en una depresión que no nos va a beneficiar. Es evidente, que para conseguirlo vamos a necesitar tiempo. Pero si vemos que pasado un tiempo prudencial, unos meses hasta un año, nuestro estado de ánimo sigue igual o ha empeorado, deberíamos consultar con un profesional para analizar lo que está ocurriendo.
  • Cambios en nuestra vida: nos referimos a la ruptura de cadenas conductuales cuando se ha producido un cambio en nuestras vidas que no tiene por qué ser negativo, incluso puede que lo hayamos hecho por ser algo que creíamos positivo. Imaginemos un ascenso laboral con cambio de ciudad. Es una muy buena noticia que en un principio nos tomamos de maravilla. Pero una vez  establecidos en el nuevo alojamiento, empezamos a encontrarnos tristes y con pocas ganas de nada. ¿Qué puede haber pasado? ¡Si fue una buena decisión! Lo que sucede es que esa persona ha perdido ciertos reforzadores que le hacían mantener su estado de ánimo. Imaginemos que quedaba con un amigo, iban al gimnasio juntos, se reían, tomaban algo cuando acababan, a veces incluso cenaban con algún amigo más que se unía… Ahora, con el cambio de domicilio, sigue yendo al gimnasio (por eso no entiende por qué se ha deprimido) pero ha perdido el resto de reforzadores. Lo mismo le pasa en el trabajo, donde ya tenía hecho su grupo, sus amistades, quedaban, reían, pasaban un buen rato… Todo eso se ha perdido y nuestro estado de ánimo se resiente con el cambio, pudiendo llegar a caer en una depresión.
  • Sensación de aumento del castigo y la culpa: en ocasiones la depresión aparece a raíz de empezar a experimentar un aumento del “castigo” en nuestro entorno. Por ejemplo, una pareja que empieza a tener problemas, que empiezan a discutir de continuo. Esto no sólo hace que se pierdan reforzadores que se proporcionaban el uno al otro (dejan de cuidarse, de salir, de conversar porque ya no les apetece) si no que empezamos a sufrir las consecuencias de las discusiones: el castigo, la culpa, la impotencia de que no te entiendan y de no poder entender la conducta del otro. Esto hace que nuestros pensamientos se tornen oscuros, negativos (todo lo hago mal, nada de lo que hago le parece bien…), y por lo tanto, que nos pueda bajar el estado de ánimo. Otro ejemplo sería una persona a la que comienzan a hacerle acoso laboral. Empieza a recibir tanto castigo en el trabajo que la consecuencia es la misma que en el ejemplo anterior: pensamientos negativos hacia los demás y hacia uno mismo, culpa por no saber manejar la situación, impotencia, bajada de autoestima, consiguiendo que pueda deprimirse.
  • Comorbilidad de otro tipo de problemas: a veces es otro problema psicológico el que nos hace caer en una depresión. Un trastorno obsesivo compulsivo, en el que la persona deja de hacer  las cosas que le provocan los pensamientos intrusivos; una agorafobia, en la que la persona deja de salir a la calle y de quedar con amigos por miedo a que algo malo le ocurra; una baja autoestima, que precipita los pensamientos negativos sobre uno mismo; y muchos otros problemas que pueden hacernos perder reforzadores y, en consecuencia, caer en una depresión.

La depresión es severa, es un problema que causa mucho malestar, en el que te sientes en el fondo de un pozo muy profundo donde no ves la luz de salida. Pero la luz existe y hay que encontrarla mediante esfuerzo, trabajo y constancia. Hay salida a este problema, lo puedes conseguir!