A lo largo de nuestra vida hemos escuchado muchas opiniones sobre nosotros mismos. De nuestros padres, de nuestros maestros, de nuestros amigos, de nuestras parejas…. Todos estos conceptos y los aprendizajes

autoestima leonque nos han ido ocurriendo han hecho que nos formemos una imagen mental de quienes somos. Esta lleva implícita nuestra forma de ser, las cosas que nos gustan y las que no, las que somos capaces de hacer y las que nos resultarían imposibles.

Muchas veces esta imagen mental de mi mismo se junta con una necesidad, casi generalizada en nuestra sociedad actual, de querer agradar a todo el mundo. Nos importan mucho las opiniones que los demás tengan de nosotros. Querer gustar a los demás es algo normal, pero puede acabar haciéndonos daño si lo convertimos en una necesidad o si lo generalizamos a todas las situaciones o personas. Seguro que alguna vez te has sorprendido a ti mismo pensando “¡si ni siquiera conozco a esa persona!”. Y es que, muchas veces, no valoramos si esa situación por la que me preocupo merece tanta atención o tiene tanta importancia.

Por tanto, esta combinación de imagen mental, que es un reflejo de las opiniones que los demás tienen o han tenido de mi a lo largo de mi vida, junto con la necesidad de que esa opinión sea positiva (agradar a todo el mundo), puede hacernos sentir mal.

Imagina que quieres hacer algo que se sale de esa “etiqueta” que los demás te han puesto y que al final tú mismo has aceptado casi sin darte cuenta. Por ejemplo, eres tímido/a pero necesitas hablar en público para defender un trabajo importante. Las personas de tu alrededor no se lo esperan, no encaja con lo que esperan de ti, y esa contradicción les resultará incomoda. Por ello, es fácil que escuches comentarios como: “en serio vas a hacer eso?”, “No es propio de ti”, “conociéndote seguro que te poner muy nervioso/a”, etc. Esas opiniones pueden hacer que realmente suceda lo que predicen, pero no porque sean adivinos o porque se te de mal hablar en público, sino porque llevas mucho tiempo pensando que eres así, como una verdad absoluta, que nunca vas a poder cambiar. (En psicología esto se llama profecía autocumplida).

Existen varias técnicas que pueden hacer que tu autoestima suba, te valores más a ti mismo y empieces a diferenciar que opiniones merecen la pena y cuáles no.

Normalmente trabajamos con los pensamientos para ajustar esa imagen que tenemos a la realidad y a las situaciones específicas, intentando no generalizar y no dejarnos llevar por la opinión de los demás. Poco a poco conseguimos que los pensamientos sean lo más objetivos posibles.

Otra manera de subir la autoestima y que recomendamos en muchos casos es la de priorizar las actividades agradables. Con el ritmo de vida actual, a veces podemos tener la sensación de que todos los días hacemos lo mismo (trabajo, casa, niños…) y esto puede generar sensación de tristeza o bajar nuestro autoconcepto. Si todos los días hacemos alguna actividad que nos guste, aunque sea poco tiempo, esto hará que me sienta mejor, más fuerte, que pueda encajar mejor las críticas etc. Un día normal puede transformarse en especial con un pequeño cambio, si me da la sensación que he hecho algo por mismo.

Te animamos a poner en marcha las técnicas mencionadas. Tu lo vales!