¿Tengo enfado patológico?

Saber si tenemos enfado patológico puede ser complicado. Normalmente, cuando una persona se enfada constantemente, hablamos de carácter, forma de ser, y lo justificamos con el “soy así y no puedo cambiar”.

En primer lugar, habría que decir que siempre podemos cambiar por más que hayamos sido una determinada manera durante toda nuestra vida, si queremos podremos cambiar, aunque no sea fácil.

El primer paso es darse cuenta de que se tiene un problema. En este tipo de casos, suelen ser las personas que están alrededor las que le hacen ver a la persona que siempre está enfadada. Como decía, no es fácil darse cuenta, han sido así siempre y tanto la persona como su entorno, probablemente, se han habituado a que esa es la situación normal.

enfado

Uno de los factores que puede contribuir al mantenimiento de este problema es precisamente esta tolerancia de los familiares. Oímos cosas como: “no le digas eso que se va a enfadar”, “no hagas eso que no le gusta y ya sabes cómo se pone”… También influye en el mantenimiento el hecho de que, en muchas ocasiones, la persona consigue lo que quiere de esta manera. Pongamos un ejemplo:  José es una persona que se enfada constantemente y con todo el mundo. En su familia, están acostumbrados por lo que intentan no contradecirle. Un día su hermano y él se enzarzan en una discusión por quién iba llevarse el coche esa tarde. Los dos lo necesitan, pero José empieza a ponerse agresivo, a gritar y a pegar golpes. Aunque su hermano intenta mantener su posición, sus padres entran en acción intentando convencer a su hermano de que lo deje estar, que “ya sabes cómo se pone”, que es imposible razonar así, que es mejor evitar el conflicto. Al final José se lleva el coche esa tarde.

¿Por qué nos enfadamos?

Todas las personas nos enfadamos en algún momento, con mayor o menor razón, pero todos lo hacemos. El problema en el enfado patológico es la frecuencia, como decía al principio, el enfadarse por todo, con todos y constantemente.
El enfado es una emoción provocada por nuestros pensamientos, de manera que nuestro enfado es producto de lo que pensamos en ese momento. Siguiendo con el ejemplo anterior: José cree que tiene razón, está seguro de ello, ya que su hermano cogió el coche el día anterior. Sus pensamientos, antes de empezar la discusión y en el momento de empezarla son: “no es justo”, “siempre lo coge él”, “no me da la gana que lo coja, él lo usa más que yo y yo también tengo derecho”, ” es un acaparador, siempre lo quiere tener todo”… Y probablemente, mientras discute con su hermano, estos pensamientos no sólo se refuerzan si no que aparecen otros que le hacen enfadarse más: “es gili…, siempre intenta hacer lo mismo”, ” será egoísta, sólo mira por él”… Todos estos pensamientos van haciendo que José vaya perdiendo el control de su conducta y se empiece a comportar de forma agresiva.

Si nos damos cuenta, estos mismos pensamientos es posible que los tenga su hermano y por eso se produce la discusión, pero al meterse sus padres por en medio, es capaz de autocontrolarse y cambiar su pensamiento, probablemente piensa: “ya me apañaré, es verdad que se está poniendo agresivo y siempre pierde el control, así que para qué voy a discutir si no voy a conseguir nada. Que se lo lleve él y ya iré yo a lo que necesito otro día” y por esto su hermano para la discusión cediendo. Sin embargo, como José se ha salido con la suya, pensará: “ves, si es que yo tenía razón, siempre la tengo, si no, mis padres no me la darían, realmente es un egoísta, un gili…”. Es decir, el comportamiento de sus padres ha reforzado que José se siga comportando de esa manera, a la próxima, volverá a discutir. enfado niño

Así, con este ejemplo, podemos observar cómo los pensamientos modulan nuestra conducta, son tanto los que provocan una discusión como los que la frenan.

¿Cómo puedo dejar de enfadarme de esa manera?

Como en cualquier problema, el primer paso es darse cuenta de que lo tenemos. Si somos conscientes, aunque sea porque nos lo han hecho ver, podremos cambiarlo. Desde la terapia cognitivo conductual te enseñamos a manejar de otra forma estas conductas, haciendo que veas las cosas de otra manera y puedas cambiar tus pensamientos, a identificar en qué momento o ante qué circunstancias es probable que me enfade, qué sensaciones físicas aparecen en ese momento que pueden hacer que me dé cuenta de que me voy a enfadar, aprendiendo a relajarme…

Para todos los problemas hay solución, un psicólogo cognitivo conductual te ayudará a encontrarla.