Blog del Centro de Psicología Cognitivo Conductual

Tratamientos psicológicos

Cuando los niños lloran y consiguen lo que quieren

A veces me pregunto si influirá en la conducta de los niños de hoy en día el tipo de sociedad en la que vivimos. Una sociedad en la que es difícil sacar tiempo para algo, en la que los niños crecen cada vez más deprisa y con más responsabilidad, en la que por la tarde ya no pueden ver los dibujos animados porque no los hacen (recuerdo las tardes viendo barrio sésamo o cualquier otra serie de dibujos), teniendo que vigilar los padres que no vean ciertos programas no aptos para ellos.

Realmente me lo pregunto, aunque sé que la respuesta es sí. Claro que esta sociedad les influye, y no creo que para bien. Les estamos enseñando un mundo de violencia, donde casi todo vale.

Pero no es mi objetivo parecer moralista ni dar un discurso social, si no hablar de los problemas de conducta que me encuentro en el día a día.

Recuerdo cuando mi madre me reñía porque había hecho algo mal sin tener el temor de que no la quisiera, cuando mi padre me castigaba sin pensar en que me crearía un trauma. No digo que estos sean métodos apropiados, pero creo que el trasfondo es muy importante. La mayoría de los padres están temiendo que sus hijos no les quieran por el simple hecho de llevarles la contraria, de educarlos. Y los padres están para eso, para educar.

Comenzando en la más tierna infancia, aunque un niño no sepa hablar, ya está tomando conciencia de cómo funcionan las cosas en casa. El otro día vi a una niña de año y medio. Como he dicho, todavía no sabe hablar ni hacer otras muchas cosas, pero tiene muy claro que es lo que tiene que hacer para salirse con la suya. La niña tenía hambre, su madre sacó la comida y se la fue a dar, pero la niña se puso a llorar porque no quería ese tipo de comida, y la madre, por no verla llorar, sacó un “petit suisse” y se lo dio. Obviamente, la niña dejó de llorar al haber conseguido lo que quería. ¿Qué pasó con la comida? Os lo podéis imaginar. La niña sació su hambre y la comida se quedó para otro momento.

¿Qué es lo más importante de esta enseñanza que la madre le ha dado a su hija? Que cuando llora, hace lo que quiere porque a su madre “le sabe mal verla llorar”. Al cabo de unas pocas veces que la niña observe este comportamiento de la madre, se hará hasta cierto punto consciente de todo esto y comenzará a utilizarlo, haciéndose cada vez más fuerte esta conducta, y, por tanto, más difícil de eliminar.

La madre sabe que la niña debe comer primero comida de verdad antes de pasar al postre, pero le pasan muchos pensamientos por la cabeza en ese momento, “si mi hija llora pensarán que no soy una buena madre / no sé tratarla…”, “si llora mi hija no me querrá”, “total por un día no pasa nada”, etc., y, además, cuando consigue que deje de llorar, la madre se siente mucho mejor.

¿Cómo debería actuar la madre? Aunque todos reconocemos que es muy duro dejar que tu hija llore, eres tú la que sabes qué es bueno para tu hija en cuanto a alimentación. Así, lo mejor es que la madre no ceda y le dé a su hija primero la comida y después el postre, y, aunque la niña llore, la madre se mantenga firme. Esto es duro, sobre todo si la niña tiene una rabieta, y mayor será la rabieta cuanto más tiempo lleve la niña consiguiendo su objetivo al llorar, pero es lo mejor que se puede hacer para cambiar esta conducta. También es muy importante que los padres estén de acuerdo en hacer esto, y que no venga el padre (por ejemplo) y le diga: “venga, cariño, que no tiene importancia, dáselo y ya está”. Esto es malo en dos aspectos, uno, que el niño se da cuenta de que su padre es más susceptible a su llanto y, dos, que destroza los argumentos de la madre, que puede acabar pensando que es una exagerada y ceder. Los padres siempre deben ser consistentes en sus decisiones.

Si los padres se comportan de forma apropiada, la niña comprenderá que llorando no consigue nada. Hay que tener en cuenta que esto puede tardar en suceder un tiempo, mayor cuanto mayores sean las rabietas de la niña.

Esto es sólo un ejemplo, que se puede trasladar a los problemas de sueño, con la televisión, con el juego, etc.

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